Me doy el permiso para estar tranquilo(a). Es recomendable dejar de lado las presiones de todo tipo. Cuando me encuentro en situaciones incómodas prefiero retirarme y buscar la tranquilidad.
Mantengo una buena actitud aun en la etapa de conflicto. Estoy siempre a favor de la paz. Mis emociones están bajo control. A pesar de lo difícil que pueda presentarse alguna situación, mantengo un tono de voz suave. Cuando es necesario, me detengo y cuento hasta diez, para así evitar una acción inapropiada. Respiro profundamente para tranquilizarme.
Me permito sentirme seguro de mí mismo(a). La tranquilidad me ha sanado de la ansiedad y me trae la calma necesaria para aclarar mi visión sobre las cosas.
Cuando estoy tranquilo(a) tomo decisiones inteligentes. Si dejo que mis emociones dirigan mi comportamiento, después lo lamentaré. Ser fiel a mis pensamientos me ayuda a vivir en consonancia. Para mantener el sentido de tranquilidad, creo firmemente en la idea de que es lo mejor para mí. Me niego a sobrecargarme diciendo no a las responsabilidades que no me corresponden, es algo que me ayuda y me protege de no caer en el stress. Mis hábitos de alimentación son saludables. Estoy seguro(a) de que duermo lo suficiente para mantener saludable mi mente y mi cuerpo. El llevar un estilo de vida sano me ayuda a estar en equilibrio. A lo largo del día, hago pausas entre mis actividades para tomar un respiro y así logro estar concentrado(a).
Me he dado cuenta que al estar preocupado se pierde el tiempo de forma absurda. Ya que el vivir así no me agregará un día más de vida ni me quitará alguna arruga del rostro. Por eso, decido aceptar las cosas que no puedo cambiar y planeo aquellas que sí.
Preguntas de reflexión personal.
1. ¿Cuáles son las actividades que me brindan tranquilidad? 2. ¿Cuáles son las actividades o los lugares que me estresan? 3. ¿De qué forma me beneficio al estar tranquilo(a)?